Apostar por el síntoma en la familia

Trabajo producido en las conversaciones rumbo al VIII ENAPOL: Asuntos de familia, sus enredos en la práctica.

Eje temático: Síntomas familiares, familias sintomáticas.

Por:

Coordinadora: Irene Sandner (miembro NEL-CDMX)

Ángela Fischer  (miembro de la NEL-Lima)

Noemí Cinader (miembro de la NEL-Caracas)

Angélica León (asociada de la NEL-Maracaibo)

Eduardo Barboza (asociado de la NEL-CDMX)

Cinthya Estrada (asociada de la NEL-CDMX)

Martha Carolina (miembro de la Nel- Medellín)

“Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente nuestra familia, que nos habla. Este nos debe entenderse como un complemento directo. Somos hablados y, debido a esto, hacemos de las casualidades que nos empujan algo tramado. Hay en efecto una trama-nosotros la llamamos nuestro destino” (Jacques Lacan, en “Joyce el síntoma” pág. 160)

En estos momentos el tema que nos convoca en la AMP se despliega en torno a la familia, sus modos de configurarse frente a los avances de la ciencia, las actuales conformaciones familiares y los efectos que el declive de la imagen paterna tiene sobre los hablanteseres. Hoy en día es frecuente hablar de la profunda crisis de la familia como institución. Hay nuevas formas de lazos familiares, aumento de divorcios, fecundaciones asistidas, incorporación a la mujer al trabajo, matrimonios de parejas del mismo sexo, etc. Todo ello evidencia a nivel fenoménico una crisis, pero para el psicoanálisis, la crisis como tal es tan antigua como la propia familia. Berenguer en su artículo refiere que el psicoanálisis plantea que familia y crisis van juntas, eso se debe a una imposibilidad de estructura. La familia, comenta el autor, funciona como un modo de suplencia frente a la no relación sexual. Si la familia está constituida en torno a este agujero central, no tiene entonces que extrañarnos que la crisis exista siempre.

La civilización llamada hipermoderna, ha sufrido cambios considerables en un lapso relativamente corto. Desde los tiempos de Freud hasta nuestros días nos podemos dar cuenta que tanto el discurso social como la familia conyugal han cambiado sustancialmente. M. H. Brousse nos dice que en la época del descubrimiento del inconsciente, la familia no solamente tiene estructura de mito, sino que también está fundada en dos crímenes: el asesinato del padre y el incesto. Estos eran una forma de organización libidinal, de límite y prohibición de goce, sustentada por la ley de lo simbólico. La tradición moral de los tiempos de Freud se ha ido disipando. Esa moral sustentada por el Nombre del Padre ha dejado de comandar el lazo social. Frente a estos cambios comenta M.H. Brousse que hay distintas posiciones, según los discursos amos a los cuales se refieren los sujetos. Comenta la autora que la evaporación de la función del Nombre del Padre se ha ido remplazando por “lo social”. El lugar y el poder del jefe de la familia son sustituidos por el orden social. Las figuras de autoridad vacilan y el significante amo se pluraliza. ¿Ante esta pluralidad, cómo se orienta la familia de hoy? Es inevitable explica Zlotnik no relacionar el no-todo de la globalización con la pluralización de los Nombres del Padre.

Acerca de la familia, el psicoanálisis ha dicho mucho. Lacan da un giro en lo que se entendía por familia hasta ese entonces, la plantea como una institución, es decir como una instancia simbólica y coloca el acento sobre los semblantes, sobre la relatividad de las estructuras matriarcales y patriarcales. Vemos entonces, un predominio de los factores culturales sobre los naturales. Al definir al padre y a la madre en términos de funciones el psicoanálisis ha trabajado para demostrar que la familia es el lugar de sustitución de lo biológico por lo simbólico. Para Lacan, tanto el padre como la madre son primero pensados como función, función que alimenta la novela familiar de un sujeto. Separa el modo de goce del sujeto y del Otro, de la función paterna. Encontramos el aporte de Sánchez donde aclara y sintetiza a la familia como función y como ficción. La familia como función, dice Sánchez, es lo que resta de la novela familiar  a partir de la cual se construye la familia para alguien, implica tratar de situar en la familia lo más pulsional. La segunda, implica pensar a la familia como un discurso, es decir la familia como ficción se construye desde aquello que la familia transmite y que en nuestra práctica escuchamos, ya nombrado por Freud. El discurso, es entendido como el lazo social fundado en el lenguaje y es debido a que la estructura del lenguaje no es sin falla que los seres hablantes hacen lazo. El lazo social no es una relación entre sujetos y objetos. Es el modo de respuesta a esa falla estructural que no se deja atrapar y que Lacan asimila a la categoría de lo real. Lacan en su artículo define a la familia nuclear como la unión de una variedad compleja de funciones, el anudamiento que no está dado desde el inicio por un marco discursivo ya establecido, quedará a cargo del sujeto, que usaría los dispositivos de los que dispone, los que corresponden a su propia elaboración sintomática.

En un desarrollo posterior, Lacan diría que la familia evoca un lazo donde se articula lo no dicho sobre el goce, Lacan enfatiza en los complejos familiares que la familia tradicional ha llegado a su fin, es el fin de la filiación y el comienzo de la alianza. Lo que va a producir cambios inexorables de la estructura familiar. La última enseñanza de Lacan parece acompañar e inclusive anticipar, las mutaciones de la civilización. Igualmente Sinatra señala que en la familia, independientemente de su manera de  configurarse, siempre se van a inscribir las perturbaciones del lazo social, y éstas van a hacer síntoma en la vida cotidiana. Brousse en su texto comenta que en la actualidad  el término “parentalidad”, reemplaza al de familia, la función de la parentalidad viene a reemplazar al padre y a la madre al borrar el resto de real que aseguraba su diferencia. La parentalidad, en este sentido comenta la autora, es un síntoma que se impuso en las sociedades modernas. Es una de las versiones de la modificación actual del discurso del amo.

Brousse en su conferencia nos dice que es importante subrayar que en las sociedades tradicionales la familia era considerada como una organización humana donde la diferencia entre hombre y mujer era fundamental, no se podía pensar en el origen de la familia sin esa diferencia.  Había una clara definición de lo que era femenino y masculino: “hoy todo eso que organizaba, supuestamente al servicio de la reproducción y que domesticaba al goce sexual dentro de un marco, supuestamente relacionado a la transmisión de la vida, bajo la forma del nombre y de los ideales, todo eso es totalmente desanudado de la reproducción, es decir, del sexo biológico” Por ejemplo nos dice Brousse, encontramos en la actualidad familias de homosexuales que se casan y están buscando quién es el padre y quién la madre. La ciencia sustituye la función del sexo biológico. El goce sexual queda desanudado de la reproducción es decir del sexo biológico. Vemos una separación entre el goce y la procreación y entre el goce y la identificación. Estas familias se ven obligadas a construirse fuera del binario hombre-mujer. Los significantes “padre” y “madre” deben construirse y estos significantes amos tendrán consecuencias subjetivas.

Miller, comenta que la familia tiene su origen en el malentendido, en el desencuentro, en la decepción, en el crimen, la familia está formada por el Nombre del Padre, por el Deseo de la Madre y los objetos a, igualmente la familia está esencialmente unida por un secreto, está unida por un no dicho ¿Qué es ese secreto? ¿Qué es ese no dicho? ¿Cuál es el malentendido? Hay siempre temas prohibidos y las cosas de familia tienen siempre en su centro cosas prohibidas y malentendidos. Vemos entonces que para Miller la familia se funda sobre un malentendido, unidos por un no dicho, un punto “de eso no se habla” un secreto sobre el goce. Lacan explica que en los seres hablantes, desde su nacimiento ya existe el malentendido, ya está desde antes, o más bien forma parte del parloteo de sus ascendientes. El niño desde y antes de su nacimiento se relaciona con dos hablantes que no hablan el mismo idioma , dos que no se entienden, entonces para Lacan el diálogo no está presente en la producción de un cuerpo nuevo, nos encontramos frente a la no relación, no hay relación entre el goce del Uno y el goce del Otro. Cómo no hay relación sexual, como hay dos que no hablan la misma lengua, hay malentendido. Digamos que en la familia se produce un cuerpo y se produce un malentendido. Por lo tanto, el encuentro con el otro será a través de la ambigüedad que la palabra instaura: el malentendido viene a otorgar algún significado para cubrir eso que falta, velos que revelan aquello que no hay, palabras que comunican lo reprimido. Entonces el hecho que nuestra familia nos habla, en realidad todo lo que hablamos viene del Otro, del Otro de la familia. Y con esto que pasa por nosotros, y creemos nuestra, tejemos nuestro destino. Podemos deducir en un primer momento, que esto conformará nuestro inconsciente, los significantes, pero aún más importante nuestro modo de gozar. Cuando escuchamos a nuestros analizantes hablar sobre sus familias, hablan de las ficciones que ordenaron su encuentro con el goce, en un análisis se escuchan los significantes privilegiados claves que provienen de su historia familiar. Entonces la familia se reduce a una serie de rasgos, identificaciones del sujeto que señalan una modalidad de elección de objeto. Cada sujeto ideará una ficción o un síntoma a partir de su inscripción familiar. A partir de lo expuesto que podemos decir de los síntomas familiares y de las familias sintomáticas.

Independientemente de las actuales configuraciones del vínculo familiar, el vínculo siempre es sintomático. El síntoma es aquello que localiza lo imposible de enlazar en lo social, es el tropiezo al que la cadena social se ve sometida, pero por el otro lado, también hace posible ese enlace. Es decir, el vínculo es siempre sintomático, ya que gracias a él se puede introducir el elemento de real en el lazo, es el síntoma, y es que, a pesar de que él mismo es semblante, vehicula un real que se incluye en el lazo con el Otro. En este sentido el síntoma muestra en su formación la cara del semblante del lazo, el artificio que es, y al mismo tiempo lo más real que tiene en la relación con el Otro.

Berenguer comenta que la familia se trata de un síntoma, formas de anudar a aquello que de entrada está desanudado. Si eso es así, entonces hay que apostar por el síntoma. Señala el autor que la doctrina de Lacan nos dice, que eso que no marcha del síntoma es la única forma en que algo puede ir de un modo verdaderamente estable.  Estamos pensando el síntoma como una respuesta, como un modo de suplencia o de anudamiento, no el síntoma como un problema.

Tendlarz, S. comenta en su artículo que Lacan en su texto “Notas sobre el niño”  explica que el síntoma del niño está en posición de responder en lo que es sintomático en la estructura familiar. El síntoma del niño se encuentra en el lugar desde el que se puede responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar, en el centro de las notas de Lacan se encuentra las perspectivas del síntoma que enriquece la subjetividad del niño y de la familia. Pelegrí nos dice que la familia puede ser considerada como el síntoma del sujeto, dado que cada uno tiene que subjetivar el tipo de madre y el tipo de padre que le ha tocado, saber hacer con eso, transformando de ese modo el lazo familiar en sintomático. El síntoma en la práctica analítica se define como el representante de la verdad, la verdad de la pareja familiar. En un primer punto, el hijo deviene intérprete de un imposible a decir entre los padres, y la sola manera para que se pueda expresar esa verdad de la pareja es el síntoma que inconscientemente se presenta al hijo como enigma a resolver. Y a partir del agujero que esencialmente le constituye, cada sujeto podrá y deberá inventarse un padre, o bien un sinthome. Se pueden admirar la variedad de estrategias utilizadas por los niños para escapar de una voracidad localizada en general en el Otro materno, para inventar familias ficticias donde la escena primaria viene a poner sentido allí donde faltaba.

El síntoma, dijimos, es en sí mismo un producto, un arreglo singular del sujeto, un modo de respuesta subjetiva ante un desencuentro irreparable. Pero este desencuentro no nos restringe a una especificidad de la neurosis. Cuando nos hemos ocupado de los llamados síntomas modernos, o los nuevos síntomas, encontramos cierta desestructuración de la articulación al Otro, cierto debilitamiento del vínculo del Goce al Otro a favor del goce Uno, encontrándose por lo tanto una dificultad para que emerja el sujeto supuesto saber. El problema hoy no es solamente saber cómo el analista podrá operar sobre los síntomas producidos por las mutaciones familiares, sino también qué efectos de retorno tendrán sobre el psicoanálisis mismo estas mutaciones en las familias, estas familias post-edípica, sintomáticas.

En la actualidad ya no es el síntoma con sentido, que habla, que dice algo. Es un síntoma sin sentido. Se observa que la puesta en juego del cuerpo es preponderante (bulimia, toxicomanía, hiperactividad). Esos síntomas localizan un goce pulsional mucho más que un rechazo; nos preguntamos si son tratables por la única vía de la metáfora paterna.

Vemos que en la actualidad han caído los ideales pero también notamos que hay una pérdida del sentido de los síntomas. Lo que se llaman síntomas de la época, tienen este aspecto de los síntomas actuales, de falta de mecanismo psíquico, desprovisto de sentido y se presentan directamente con la cara en lo real; Lo que da cuenta de sus efectos devastadores ante la ausencia de un tratamiento simbólico. Este es el síntoma que Lacan desarrolla en su última enseñanza. El síntoma puede ser tanto una solución como una enfermedad. Esto último dependerá del uso que se pueda hacer del mismo.

No hay seres hablantes que no presenten síntomas, ya que los síntomas son producto del encuentro del lenguaje y la pulsión. Pero el síntoma clásico, el freudiano y el que recorre el primer o los primeros tramos de la enseñanza de Lacan no es el síntoma prínceps de la clínica contemporánea.

Podemos situar también que lo que mantiene al mundo unido ya no es el orden simbólico, el significante amo, sino esa alianza entre ciencia, técnica y capitalismo. Esto implica un deslizamiento del discurso y una suerte de desarreglo de lo real, de desregulación, desde que ya no es el significante amo el que ordena, sino lo real bajo estas condiciones de alianza. Este desplazamiento supone modificaciones en la economía de goce del sujeto contemporáneo.

Para concluir resta una pregunta que concierne a la experiencia analítica en esta época. ¿Cómo arreglárselas, cómo hacer en el dispositivo analítico con los sujetos que son consumidos por un sufrimiento sin sentido y que no se dirigen al Otro? ¿Cómo operar ese forzamiento de la transferencia, forzamiento del síntoma para que haga lazo con el Otro? En definitiva, cómo llevar al sujeto a la construcción de un síntoma que desintoxique, que incluya al Otro y que se abra a la interpretación. Me parece que a lo que hay que apostar es que el sujeto  encuentre cómo hacer pasar ese sufrimiento ilimitado a la lógica del síntoma. Esa es la apuesta.

Bibliografía.

Berenguer. E, “El lugar en la familia en la actualidad desanudamientos y reanudamientos”. Revista Digital: Virtualia. Edición: #15. 2006. Disponible en: http://virtualia.eol.org.ar/015/default.asp?dossier/berenguer.html

Brousse. M. H. “Violencias en las familias. Pegar y ser pegado”. Bitácora Lacaniana: Violencia y explosión de lo real. Grama Ediciones, 2017.

Brousse. M.H. “Fuera de sexo. Extensión del imperio materno”. Videoconferencia. Seminario del Campo Freudiano de Granada, 2017.

Brousse. M. E. “Un neologismo de la actualidad: la parentalidad”. Capitón 2. Caracas. 2005.

Freud. S. “La novela familiar de los neuróticos”. Tomo X. Amorrortu Editores. 1992.

Lacan. J. El seminario 23. El SINTHOME (1975-1976). Conferencia: “JOYCE EL Síntoma”. (Conferencia dictada el 16 de junio en el gran anfiteatro de la Sorbona, en la apertura del V Simposio Intenacional James Joyce).. 1era Ed. Paidós, 2006. Pag. 160

Lacan. J. “Los complejos familiares en la formación del individuo” (1938). Otros escritos. Paidós, Buenos Aires. 2012.

Lacan. Lacan, J.  “El malentendido” Publicado en francés en Ornicar N° 22/23, Lyre, París, 1981, pag. 11-14.

Miller, J.-A “Cosas de familia en el inconsciente”. Revista Medio dicho #32. Año 11. Publicación de la escuela de Orientación Lacaniana  Sección Córdoba. 2007.

Pelegrí, M. “Nuevas familias ¿nuevos síntomas?” Disponible en: http://cartelpsicoanalitic.blogspot.mx/2011/04/nuevas-familias-nuevos-sintomas.html

Sánchez, B. “La familia entre ficción y función” Revista Digital: Virtualia. Edición: #15. 2006.

Sinatra. E. “Asuntos de familia, sus enredos en la práctica”. Texto extraído de la presentación del VIII ENAPOL. Escuela de Orientación Lacaniana. 2016.

Tendlarz, S. “Metamorfosis familiares” Clínica de las versiones del padre. Editorial Pomaire, Caracas. 2009

Zlotnik “El padre modelo. Un breve ensayo sobre la pluralización de Los Nombres del Padre. Grama editores, Buenos Aires. 2016.

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Turandot: ¿Amor o muerte?. Sobre amor, deseo y goce.

Por Marianna Tulli

“Los hombres no solo mueren porque son mortales. Si no nos percatamos de ello nada podemos hacer con lo que se llama pulsión de muerte” Miller (1988). Aunque esta afirmación puede apuntar al empuje hacia la muerte implicado en ciertos modos de vivir la pulsión (toxicomanías, prácticas que atentan contra la vida, entre otros), también puede interpretarse en relación al amor, al percibir sujetos cuya aproximación al enamoramiento implica que algo de su pulsión de muerte se cuele al llegar este momento o al aparecer el desencuentro.

Cuando el amor y el goce se entrelazan de un modo que implica un gran sufrimiento, se observa que los hombres no solo mueren porque son mortales, también pueden “morir” de amor, entendiendo que morir no se refiere a la muerte en lo real, sino a una des-vitalización del sujeto, a la disminución de su satisfacción por medio de una mortificación, que toma su andar en la vida, obstaculizando el deseo.

La experiencia amorosa está tocada por el goce. Determina los lazos posibles, se elige la pareja de acuerdo al modo de gozar, “la pareja se funda sobre la relación al nivel del goce” Miller (1998). Cuando hablamos de goce nos referimos a una satisfacción que se ubica mas allá del principio del placer, algo a lo que el sujeto siempre vuelve pero que representa de igual forma cierto traumatismo.

Cuando el goce mortifica al sujeto, goce y deseo no logran articularse. En estos casos se desea lo que no se puede tener, el deseo se presenta en menos, neurotizado y se goza desde un sufrimiento excesivo. Todo esto es sostenido por la repetición, el fantasma, los significantes primordiales, “obstáculo que me impide recorrer el camino que decidí recorrer. El obstáculo que traba mi intención, bloquea mi movimiento y me obliga a repetir el enunciado de la evidencia. Evidencia que se me impone de tal forma que quedo sujetado a salmodiar mi desgracia, la desgracia frente a lo que encuentro en mi camino” Miller (1998).

La experiencia amorosa se vuelve un escenario para que la repetición haga su recorrido, el neurótico no puede amar por fuera de su repetición al menos que por medio de una mutación del goce haya podido “abandonar el rostro de muerte que puede tomar la pulsión, esto es, a desprenderse de la cara de piedra…y prestarse a la intrusión de un estilo nuevo.” Dassen (1998). La construcción de un estilo nuevo permitiría darle lugar al deseo, antes mortificado por ese goce, para poder ir más allá de “la tragedia del neurótico” que “aún no puede hacer de su exceso un modo de gozar, ni hacer del Otro un medio de goce” Dassen (1998).

Turandot, ¿amor o muerte?

Turandot es el nombre de una ópera de Giacomo Puccini, estrenada en 1926. Obra que escribe hasta mediados del tercer acto, el final es completado por sus colaboradores ya que la muerte de Puccini trunca su culminación. Dando lugar a un final bastante atípico a la tragedia comúnmente apreciada en la ópera italiana, cuyos escenarios exaltan está relación del amor con la pulsión de muerte.

La historia de Turandot es la de una princesa China que propone a los que desean pedir su mano adivinar tres intrincados acertijos, si la respuesta a los tres acertijos es la acertada, el aspirante a su amor podrá poseerla, de lo contrario, debe morir decapitado. Por ello es nombrada “princesa de muerte, princesa de hielo”.

La obra comienza con una escena en la ciudad de Pekín, donde se observan los restos de los que han apostado su vida por el amor de Turandot, sus cabezas son la decoración de la plaza de la ciudad. Luego un príncipe Persa que no había logrado adivinar los enigmas es llevado por el verdugo del reino a cumplir su cruel destino. Se escucha un grito en el momento de su decapitación: “Turandot”, quien inconmovible marca el destino de muerte en sus pretendientes desde su balcón.

Un príncipe exiliado, Calaf, quien huía de los enemigos que habían destruido su reino, al ver a Turandot queda tomado por su imagen, la hace poseedora de su amor, aunque esto lo pueda llevar a la muerte. Se empeña en asumir el reto de contestar los enigmas, mientras intenta ser disuadido por su padre y por Liu, una esclava que lo cuidaba desde la caída de su reino.

También intenta ser disuadido por ciertos personajes de la corte china, Ping, Pong y Pang, quienes exclaman que Turandot es una mujer más, debajo de toda esa imagen que lo atrapa, es solo carne y huesos, “Turandot no existe”, no es real, tratando de hacerle ver que en ella coloca algo que solo existe en su ficcion, pero nada puede alejar a Calaf del modo en que es atraído, esta del lado de la pulsión de muerte. Ni la advertencia de estos hombres que anuncian que seguirá el mismo destino del príncipe Persa quien “amor pidió y fue decapitado”: “vete, esta es la puerta al gran matadero”.

Calaf responde “esto es el amor”. “¿Acaso no se trata siempre de que el enaltecimiento del amor, el obstáculo que enfrenta la procuración del amado, la vicisitud del deseo y el enredo terco que nos depara la fijación, lo que más nos conmueve?” Cossío (2011), denotando el porque de la fascinación generada por esta obra al público que la observa. Calaf toca el gong anunciando que es el próximo aspirante al amor de Turandot, y se lanza al destino sin escuchar advertencias: “no hay fuerza humana que me detenga”, expresa como atraviesa lo pulsional a los sujetos.

El enaltecimiento del amor en Calaf habla de la aspiración al amor absoluto, completo, que solo puede existir en los caminos de la ficción, “las condiciones de amor, y la fijeza del goce, se empalman con lo absoluto, en la terquedad de que de ha de ser ésta mujer y no otra” Cossío (2012).

Por otro lado la princesa poseía un argumento que justificaba el destruir a todo extranjero que deseara su amor, vengar a una antepasado quien había sido engañada y llevada a la tumba por uno de ellos. Sin embargo para sorpresa de todos en el reino, Calaf adivina los enigmas de Turandot, aunque esta se niega a cumplir el trato, por ello de forma inesperada este personaje vuelve a poner su vida en riesgo al plantearle que si logra adivinar su nombre al amanecer podrá matarlo, de lo contrario tendrá que cumplir el trato y “entregarse” a el.

Como si el riesgo asumido no hubiese sido suficiente, Calaf revela por si mismo su nombre a Turandot, pone su vida en sus manos con la esperanza de que el amor “al alba vencerá”.

A modo de ruptura con el regular curso de sus actos, logra conmoverla, por lo que al llegar el momento donde se decidirá su destino, Turandot en vez de decir el nombre del príncipe para que sea decapitado y continuar vengando la muerte y traición de su abuela, enuncia: su nombre es: amor. Una escena que  hace alusión al desprendimiento del goce mortífero por medio del amor, haciendo un puente entre el goce y el deseo.

Cossío (2012) plantea que Lacan hace del amor “un mediador entre el goce -autoerótico, del Uno- con el deseo -que tiene que ver con el campo del Otro, y con lo incesante de la búsqueda del objeto en los predios del Otro”.

Por otro lado Sánchez (2011) se pregunta “¿Cómo podría no solamente un hombre, sino una mujer, soportar semejante apelación al goce, sin que eso devenga superyoico? Solo cuando la figura del Otro pierda su consistencia y cuando se modifique la relación a la castración habiendo asumido la pérdida del objeto, por lo que el amor solo será una significación vacía.” allí, “se pondrá en juego, entonces, una versión del amor en la que se trata menos del reencuentro y más de la invención, del lado de la contingencia y del azar.”

La intervención del súper yo esta al servicio de la pulsión de muerte, al continuar haciendo existir al otro absoluto de la neurosis, el goce continuará deviniendo mortífero, es decir será experimentado cómo un traumatismo.

¿Qué hace que Turandot rompa con su modo de funcionar frente a este extranjero? Quizás solo porque el autor de la obra murió esto fue posible. Tiene que ver tal vez con cambiar el estilo de escritura con el que se hace frente al goce.

Referencias

Miller, J. A. (1988) Matemas II.
Miller, J.A. (1998) El hueso de un análisis. Editorial Tres Haches. Buenos Aires, Argentina. Pág. 72.
Ídem. Pág. 12-13
Ídem. Dassen, F. Prólogo. Pág. 9.
Ídem. Dassen, F. Prólogo. Pág. 6.
Cossío, E. (2011) Sobre el amor entre el goce y el deseo y Turandot. Conferencia dictada en la NEL México DF.
Sánchez, B. (2011) Sufrir por amor, gozar por amor. Revista Virtualia #22.

Amy: Casa del vino y el amor muerto.

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Por Iván Delgado

“Nos hemos dicho hasta luego solo con palabras 
Yo he muerto cien veces
Tu vuelves con ella
Y yo vuelvo a la oscuridad”

Amy Winehouse – Back to black

    En la clínica actual de orientación Lacaniana, el lente para con la toxicomanía está direccionada a escrudiñar la función anestesiante del tóxico que, como objeto usurpador a la fantasía que encierra el objeto “a”, coloca al sujeto en un círculo de goce repetitivo y en una suerte de ensimismamiento no regulado por el paradigma del principio del placer, apuntando, por consiguiente, al desbarajuste que el tóxico instala en las condiciones de goce del sujeto. [1]

 Además, pensar porqué y cómo el efecto del tóxico llega a incidir de modo taladrante en su relación con el Otro hacia una reacción de evacuación significante, por ende, una experiencia vacía de sujeto, como nos orienta Mauricio Tarrab.[2] En esta vía, y a partir de Lacan, preguntándonos sin duda por la singularidad que opera en cada uno y lo real opaco que en una experiencia de palabras solo aparece como virtualidad. [3]

    Esto se evidencia de un modo impactante si se observa la cronología que se construye en el documental “Amy” (2015), del director Asif Kapadia al respecto de la vida y obra de Amy “Casa del vino” Winehouse.

    Amy que fue una de las artistas más famosas de las últimas décadas por lo singular de su voz, estilo vocal y fascinación por el Jazz, elogiada por el mismo Tonny Bennet durante la grabación de un single en el transcurrir del film. Curiosamente llevada al éxito por el fracaso de uno de sus intentos de rehabilitación que, como producto de consumo auditivo masivo, dio como resultado: “Rehab”, You know i’m no good, love is a losing game y back to black (2006), teniendo estos “hits” una pizca de la receta cínica que Amy Winehouse transmitía en sus líricas, paradójicamente siendo a través de estas que se vislumbra algo que no andaba bien, ese algo que emergía como el estrago a intoxicar todas las veces.

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    No obstante, desde otro punto de referencia, algo que si andaba bien con respecto a su posición nihilista para con el inconsciente, sustentada a través del tóxico. En este orden de ideas, Tarrab menciona que cuando el tóxico impacta efectivamente en este modo nombrado: “…no hay quien lo detenga. Ni el Amo, ni el Padre, ni la mentira de la palabra, ni una mujer. Ni el Ideal, ni la ley, ni lo simbólico, ni el falo. Porque es justamente un funcionamiento que se funda en una ruptura y en una experiencia que tiene la positividad, la certeza del goce, que es con la que trata el vacío del sujeto”. [4]

  En el intento de comprender, la posición subjetiva cínica frente a tal intento re-habilitación de un padre que no estuvo, podríamos formular: una operación inexistente del Nombre-del-padre en contraposición de la hemorragia pulsional que se hace notar “Mi padre nunca estuvo allí…Nunca estuvo allí para decir: ¡escucha a tu madre! Eso es algo que todos necesitamos”.[5]

   Andrés Molina [6], durante el encuentro realizado en la sede de la NEL Maracaibo en este mismo año 2017 titulado: “Docu-mental – Amy”, a propósito de “Rehab” como intento de ayuda de todo el circulo en el que se rodeaba la cantante, exclamó claramente: ¿re-habilitar qué? a modo de clarificar la orientación clínica frente a un sujeto que carece de algo por re-habilitar, precisamente por la ausencia de habilitación fundamental del obstáculo al goce. Y es que habilitar qué en referencia a la sobreidentificación negativa de Amy al desecho, acuñado, un desorden alimenticio desde temprana edad que también hace denotar un cuerpo que no hay. [7]

Por consiguiente, un estragante vacío subjetivo notorio desde la separación de sus padres que llama a preguntarnos sobre el drama familiar de Amy, la introducción en los tóxicos desde temprana edad, y, por sobretodo, de ese goce producto que imprime una iteración en su vida amorosa.

“Yo lo sabía, yo me sentía graciosa algunas veces y que era diferente… creo que por eso escribía música. Yo no soy una persona desastrosa, hay muchas personas que sufren depresión que no tienen una salida, no pueden tomar una guitarra por una hora y sentirse mejor”. [8]

    En este sentido, elementos de cuerda de voz y guitarra que sostuvieron los registros en constante inminente re-caída a lo que no andaba bien, haciendo uso de la palabra para depositar lo que rebosa

…Emula toda la mierda que mi madre odia, no puedo ayudar pero si demostrar mi fe freudiana. Una agresión animal es mi caída, no me importa lo que tu tengas lo quiero todo porque  esta todo construido en mi cabeza y metido debajo de mi cama, y yo me pregunto nuevamente, de que se trata el hombre? Ahora mi lado destructivo ha crecido una milla… (Amy Winehouse, “What is it about man”). [9]

    La música, la voz, un otro especular, el tóxico; en definitiva son modos ambiguos, pero, en consecuencia, intentos de arreglos para resguardarse de la demanda de un Otro que se rechaza, y a su vez, que estraga en tanto superyó devastador como cultivo puro de la pulsión de muerte [10] que empuja a un goce en terreno inexistente de alguna ley que incida en una regulación por vía simbólica.

Es de esta manera que se podría ubicar la coordenada de goce de Amy en relación a la constitución partenaire-droga que engloba la función del amor, la intoxicación y la muerte en un mismo nivel, en tanto que para el psicotico es posible una relación amorosa que lo suprima como sujeto por admitir una heteregeneidad radical en el Otro, finalmente siendo nombrado por Lacan: como un amor muerto. [11] Y al estilo de la reversibilidad Unheimlich/Heimlich apuntada por Freud, aquello que se instaura a modo de arreglo, devela su cara mortífera sobre la cantante por exigir cada vez más una nota más allá de sí.

 Me enamore de alguien por quien daría mi vida… y eso es como una droga real, ¿no? [12]

    A modo de conclusión, es curioso cómo al construir la paradoja que podría ser mortal en cada caso de toxicomanías, en ocasiones, se puede denotar una clase de ironía que invade todo acto que los rodea. Amy “Casa del vino” Winehouse, a sus 27 años fue encontrada muerta el 23 de julio de 2011, según los reportes, debido a una significativa ingesta del alcohol que terminó por detener su respiración causándole la muerte. Eso fuera de ley de “Winehouse” detiene su voz y la devuelve a la oscuridad, esta vez, sin retorno.

“El amor es una mano perdida…es un juego perdido” Amy Winehouse – Love is a losing game (2006)[13]

 

Referencias

[1] Fabian Naparstek (2005) Introducción a la clínica de las toxicomanías y el alcoholismo.

[2] Mauricio Tarrab (2017) Una experiencia vacía. http://ampblog2006.blogspot.com/2017/03/una-experiencia-vacia-por-mauricio.html

[3] Jacques Lacan. Alocución sobre la psicosis del niño. Discurso clausura de las jornadas sobre la psicosis del niño. 22 de octubre de 1967.

[4] Idem 2

[5] Amy: La chica detrás del nombre. Documental. Director: Asif Kapadia.

[6] Andrés Molina. (2017). Pieza suelta – Docu-mental: Amy. Nel Maracaibo, Febrero 2017.

[7] Jacques Allain Miller. (2010). Efecto retorno de la psicosis ordinaria.

[8] Idem 5

[9] Amy Winehouse. “What is it about man” Album: Frank. Traducción libre.

[10] Luis Dario Salamone. (2010) El amor es vacío.

[11] Jacques Lacan. Seminario III: Las psicosis.

[12] Idem 5

[13] Amy Winehouse. Love is a losing game. Album: Back to black. Traducción libre.

Agrupamientos juveniles. Solución temporal del adolescente de ante la inevitable caída de sus referencias infantiles

Por: Adriana Chacín y Marianna Tulli

A partir de la experiencia de cartel que compartimos con colegas de otras sedes de la NEL (Guatemala, Medellín y Santiago) surge este artículo como producto de las conversaciones que se llevaron a cabo con motivo del VIII ENAPOL “Asuntos de familia y sus enredos en la práctica” que aconteció recientemente en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Estas reuniones estuvieron causadas por las preguntas: “¿en qué se distinguen hoy las tribus urbanas o agrupaciones juveniles?, ¿qué función cumplen? y ¿a qué lugar vienen estos espacios que para algunos adolescentes reemplazan el referente tradicional, familiar y social?”.


Agrupamientos juveniles

Existen varias formas de grupos en la actualidad, algunos están ligados al deseo, a un ideal, y le facilitan al sujeto la posibilidad de hacerse un lugar en el Otro “en dirección de una solución en la vía del Ideal del yo” y por otro lado existen los agrupamientos que son comunidades de goce, donde se acentúa la separación y la ruptura con el Otro de la cultura y la apariencia de un goce directo en el cuerpo (cortes, laceraciones, bulimias-anorexias, “gamers”, drogas). Afirma Lacadée: “El adolescente que no apuesta ya sobre la función paterna, tampoco sobre el peso de su palabra, se siente, desamparado y solo, tentado en replegarse sobre un modo de goce que le funciona como lugar de existencia”.  En dichos agrupamientos se da una ilusión de lazo social, cuando en realidad el vínculo que se hace es con la práctica o sustancia que implica el modo de gozar y que da la ilusión de  lugar de existencia. En este caso el grupo aparece en un intento de acomodo con el goce, ya que los referentes familiares le resultan insuficientes ante ese modo de goce singular que lo ocupa.


Adolescencia-  entre metamorfosis y la emergencia de un real

La adolescencia es ese momento en el que el sujeto se confronta con la emergencia de lo real del sexo, refiriéndose esto al surgimiento de lo pulsional donde el sujeto carece de las referencias necesarias que den cuenta de esta transformación. A su vez está de cara a un cambio a todo nivel, tal como lo describe Freud al hablar de la metamorfosis de la pubertad, que implica la transformación de su cuerpo de niño a un cuerpo sexuado, que puede resultarle ajeno, así como la pérdida del lugar de niño ante el Otro familiar.  Ante estos tres aspectos el joven no tiene un saber previo, no sabe cómo arreglárselas con la pulsión que emerge, ni con su cuerpo, ni con la imagen propia que se transforma, ni sabe cómo reubicarse dentro de la escena familiar.

Agustina Juan en el prólogo “La invención de una formula adolescente” explica: “Lacan ubica la pubertad como el momento en el que el sujeto se confronta con lo real del sexo, es decir, con la ausencia de un saber predeterminado, para vivir de ahí en más la sexualidad.  No solo el cuerpo cambia de forma en esta esta etapa; la lengua, las palabras de la infancia ya no sirven para traducir los modos de gozar la sexualidad, y esta es vivida de manera extranjera”

Al haber una ausencia de saber–hacer surge la angustia propia de la adolescencia, en la que el sujeto se ve llamado a elaborar una formula o una respuesta. En la adolescencia el sujeto debe re-construirse, las soluciones de infancia se ven cuestionadas, y dicha elaboración no es sin dificultad.

Insuficiencia del lenguaje

Continua diciendo Agustina Juan para el texto “Los sufrimientos modernos del adolescente”  de Phillpe Lacadée “…se pueden ubicar tres tipos de exilios del adolescente: primero, por el lenguaje, hay una pérdida del goce primitivo; luego, en la pubertad, queda expulsado de su cuerpo de niño y del discurso de su infancia- ya no le sirve para traducir su encuentro con la sexualidad-; y por último, queda exiliado en la soledad de su goce, que es singular”

No se trata de que la lengua familiar sea insuficiente para responder a la emergencia pulsional en el adolescente, sino que es el lenguaje en si el que no alcanza para nombrar el acontecimiento de cuerpo que emerge, el adolescente se ve conminado a construir-se, a trabajar-se, a nombrar-se ya que ningún marco familiar podría darle una solución hecha a su medida. Ante esto nos preguntamos, ¿a que recurren los adolescentes para reelaborarse?, ¿de qué pueden servirse?, tomando en cuenta la complejidad de la tarea a la que son llamados.

Lo primero que se observa ante esto es una especie de “desfamiliarización”, “…en la adolescencia, cuando el sujeto está llamado a producir una respuesta, un anudamiento que definirá en él una nueva modalidad de relación con el goce, justamente es necesario que el adolescente asuma la parte de la escritura de su propia historia que le corresponde. Cierta desfamiliarización es, entonces, necesaria y propia de la adolescencia.”   Este fenómeno de “desfamiliarización” implica que se introducirá una distancia frente al discurso familiar, la cual le servirá al sujeto para buscar elementos por fuera del mismo que le permitan construir nuevas identificaciones y es allí donde el grupo podría ejercer una función.
Agrupamiento como solución temporal

“Vincularse con alguno de los múltiples grupos y culturas juveniles puede servirle a un sujeto para tratar de suplir las palabras que le faltan en ese momento subjetivo en el que necesita explicarse eso que emerge y lo moviliza. Estos agrupamientos aportan a los adolescentes algunas significaciones, les proveen un discurso, los conectan a sus iguales (diferentes) y les procuran, en ocasiones, un “estilo de vida”, una manera de estar en el mundo y, sobre todo, de habitar su cuerpo.”

Los Agrupamientos juveniles son una solución temporal ya que permiten fijar nuevas identificaciones en relación al grupo, sin embargo no pueden dar cuenta del goce singular del adolescente, de eso que es único en cada uno, no son una solución definitiva que introduzca algo del goce a lo social.

A modo de conclusión, luego de estudiar y comprender cuál es la función de los agrupamientos juveniles se puede decir que, más allá del grupo el sujeto tendrá que “encontrar el lugar y la fórmula” como lo sitúa Lacadée, se servirán de lo que el Otro social les ofrece, pero cada uno tendrá que construir-se desde su propia singularidad.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Chacín, Tulli, Ruiz, Reinoso, Dimitrakis, Aragón y Ruiz. En: Agrupamientos juveniles y construcción de la adolescencia (2017)

2. Lacadée, Ph., Los sufrimientos modernos. En: Psicoanálisis con niños y adolescentes 4. Buenos Aires: Grama, 2014.

3. Lacadée, Ph., Los sufrimientos modernos del adolescente, Buenos Aires: Tyché, 2017.

4. Lacadée, Ph., Los sufrimientos modernos del adolescente, Buenos Aires: Tyché, 2017.

5. Chacín, Tulli, Ruiz, Reinoso, Dimitrakis, Aragón y Ruiz. En: Agrupamientos juveniles y construcción de la adolescencia (2017)

6. Chacín, Tulli, Ruiz, Reinoso, Dimitrakis, Aragón y Ruiz. En: Agrupamientos juveniles y construcción de la adolescencia (2017)

El goce burla la época

Por Ivan Delgado

No vamos a hablar de goce así, por las buenas. Ya les he hablado bastante de ello como para que sepan que el goce es el tonel de las Danaides y que, una vez que se entra, no se sabe hasta dónde se va. Se empiezan con las cosquillas y se acaba en la parrila. Esto también es goce. Lacan (1969/1970, El reverso del psicoanálisis

Podríamos calificar con abjetivos que señalan una severa dificultad, como comentario constantemente flotante, lo que describiría en generalidad a los constructos psicoanalíticos. No habría reacción más común. Sin embargo, podríamos tomarnos el tiempo de nombrar el goce, aún frente a la dificultad de delimitar su alcance desde la ultima enseñanza, como un paso adelante por parte de Lacan, emergido del constructo de pulsión de Freud, para su momento, dividido en lo que era la libido por una parte y la pulsión de muerte por otra.

El goce, como constructo del psicoanálisis, parece romper con la vara evaluadora de la ciencia, aquella que frecuentemente da como resultado la reinvención de los postulados en la rama de las áreas sometidas al régimen del método cientifico, para de esta manera darle espacio a nuevos constructos que den respuestas más satisfactorias. Pareciera ser el goce, en la diversidad de sus paradigmas, y alejada del estatuto científico, aquél fuera de las cadenas del cronos, fuera de esa lógica, si me permiten decirlo: “Hoy la ley X, mañana es Y”. No por esto se afirma que está dicho todo sobre el goce, por el contrario,” no-todo “está dicho.

Sería prudente contextualizar la época en la que vivimos, en la que el goce tiene un papel protagónico en el tema de los sujetos hipermodernos. Una época devorada por la demanda capitalista y la maximización de su estrago que transforma al consumidor en objeto de consumo. Una época en donde el imperativo de las imágenes llama a preguntar la naturaleza de su desborde, por tener el analista siempre de reojo la presencia de lo imaginario en su función emergente frente a la angustia. Son estos tiempos que vivimos donde el goce aparece en primer plano, silencioso, descarnado y lacerante (E Laurent, 2000). A su vez, deducimos el fundamento de tal fenómeno en el revés de la lógica del Todo, teniendo como resultado una lógica del No-Todo. Una lógica del No-todo que no debería ser confundida con un No-todo aunado a un final de análisis, sería una lógica de No-todo que por encierro en su cinismo, no le falta nada (Sinatra, 2013). Este No-todo que posee una inconsistencia en la proliferación de lo que Miller, en su texto “El inconsciente es político”, nombra como micrototalidades, en una respuesta articulada entre saber + goce, a lo que Sinatra nombra en su texto “los nuev@s adict@s”, un efecto de la caída del padre, la desvirilización del mundo y contiguo efecto de feminización.

Es de relevancia clínica la manifestación de estragos en sujetos orientados por esta lógica, en donde existe una prueba fidedigna de cómo pueden encontrarse en una suerte de high-way to hell (autopista al infierno) evitando la muerte intoxicándose, tal y como Salamone (2014) evidencia en su capitulo “El silencio de las drogas”.

Siguiendo en este intento de entrar en contexto, evidenciamos el alcance vigente de la frase de Jaques Lacan, pescada por Miller, que indica que el “goce, el plus de gozar, se ha tragado el ideal: Es la satisfacción lo que rige el estado actual de la civilización y no el ideal. Cita extraída por E. Sinatra al construir su hipótesis acerca del porqué de dicha muestra de ascendencia del goce -antes prohibido- y aún en vista de la falla en su contención y criminalizado por el padre, se exhibe sin ley que lo rija. Un goce siempre obstaculizado pero encarecido en sus intentos de no ser asimilado a través de lo simbólico por parte del inconsciente.

Aquí se manifiesta un punto de inflexión entre un ayer y el hoy. El ayer, en los tiempos de la génesis del psicoanálisis, en una lógica del lado masculino, en un Todo para Todos en referencia a la excepción que indica aquello que falta y que apertura la entrada al Otro y su demanda. Por otra parte, un hoy: regido por la lógica del lado femenino de la formula de la sexuación, en el No-todo que no le falta nada, que, por consiguiente, rechaza al Otro. He aquí la transición del Otro que existe al Otro que no existe, pero que ambas épocas confluyen en la presencia del goce como personaje estelar que constantemente se intenta verificar y mostrar en una línea cronológica. No obstante, encontramos como se burla de ella, ya que indiferentemente del método que la época ofrezca para su fallida domesticación o falsa liberación, este pareciera tener un ponderado de autónomo, lo que sería posible decir, parafraseando a Nietzsche: más allá del bien y el mal. Sea asimilado o no por efecto de significación, obturado por el ascenso de los objetos oriundos del plano imaginario, mortificado por la significación o no, enmarcado en un acceso a este a través de una transgresión heroica o en un circuito de ida y vuelta en una suerte de boca o ano, el goce pareciera imperar.

Bajo este último postulado, delimitado bajo los paradigmas del goce en el texto de J. A. Miller Lo real en la experiencia psicoanalítica, paralelamente se puede interrogar la ilusión de una posible respuesta a la masa, como lo intenta la sociología, la antropología y hasta los historiadores, en dar con alguna ley que de una explicación a lo que se nos presenta hoy en la dimensión de las satisfacciones humanas fuera de sentido, a efecto de reducir tal exceso bajo la lupa y el método obsoleto  del todo.

Sería de relevancia no olvidar,  tal y como Lacan nos esclarece, que este goce sin ley, que empuja a sujeto por sujeto, es un tonel de danaides. Y es que no subsiste por la ilusión de un fin a alcanzar; ¡es que existe! Y existe en la propia acción que procura más allá de la época que se le presente.

Referencias

E. Laurent. Sorpresas y desarreglos en la cura psicoanalítica”, el caldero de la escuela. Nov-dic. 2000, n 82, Bs. As..

E. Sinatra. Los nuev@s adict@s. 2013. Tres haches

L. Salamone. El silencio de las drogas. 2014. Grama

J. Lacan. Seminario 17, El reverso del psicoanálisis. 1969/1970. Paidos.

J. A. Miller. La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. 2014. Paidos.

J. A. Miller. El inconsciente es político”, Lacaniana n.1, Buenos aires, EOL.

Ilustraciones: Katherine Streeter

@katherinestreeter

La canción, la voz y la letra

 Por Isthar Rincón

La canción

Canción, viene del latín, “Cantio” que quiere decir canto, también hay otras derivaciones que lo relacionan con “encantar”. La música desde la antigüedad ha tenido un carácter divino. En los pictogramas[1] de las antiguas civilizaciones árabes se muestra como las canciones tocadas con el Laúd servían para entrar en contacto con los dioses. En la mitología hindú se dice que la melodía de la flauta de Krishna se caracterizaba por un sonido “irresistiblemente encantador, que fascinaba a todos los que le rodeaban.”[2] Sin duda la música, la canción y especialmente la voz tienen una relación con lo divino y singular de cada uno, sin embargo en el psicoanálisis esto no se puede tomar en el sentido de la espiritualidad o del misticismo, se toma en el sentido de una Otra satisfacción  que toma relieve en la enseñanza de Lacan a partir del seminario 20.

Desde el punto de vista musical, una canción es una composición que implica una parte melódica y una rítmica. Generalmente hecha para una voz humana, en algunas composiciones la voz humana es simulada por un instrumento musical. El canto lírico derivado de la música clásica, evolucionó desde las canciones trovadorescas francesas, pasando por el canto gregoriano, por las cantatas (primeras composiciones para voz), el aria y la ópera italiana, los lieder alemanes de la época romántica hasta llegar a la canción moderna. Si damos un vistazo a esas versiones de canciones, la mayoría de los temas estaban relacionadas con el amor y la poesía. En la actualidad hay una tendencia a hablar del amor en relación a la satisfacción, producto del debilitamiento del orden simbólico, también ha cambiado la poesía, está en “mala forma” como dice Miller.[3]

La canción y el amor han tenido una íntima relación. La belleza, la armonía y lo sublime de un sentimiento parecen encontrar una expresión natural por medio de los sonidos de un instrumento o de las modulaciones de una voz. La falta y la pérdida de la amada son elevados a lo eminente, la añoranza, la satisfacción y la pasión son vividas con intensidad en una melodía. Podemos decir que una canción es producto del mecanismo freudiano de la sublimación, a través del cual “la pulsión sexual pone a disposición del trabajo cultural unos volúmenes de fuerza enormemente grandes, y esto sin ninguna duda se debe a la peculiaridad, que ella presenta con particular relieve, de poder desplazar su meta sin sufrir un menoscabo esencial en cuanto a intensidad. A esta facultad de permutar la meta sexual originaria por otra, ya no sexual, pero psíquicamente emparentada con ella, se la llama la facultad para la sublimación.”[4]

Toda canción es canción de amor. Lo que habla en una canción más allá del sentido de la letra es la “especificidad para ejercer la vida amorosa”[5] de un sujeto, la forma particular de relación con el mundo, su subjetividad y también su funcionamiento pulsional. Pero esa especificidad amorosa habrá que descifrarla más allá del sentido que la canción transmite a simple vista. La canción en tanto hecha por un sujeto es también un producto del inconsciente. Los cantautores, al mismo tiempo que escriben la letra de una canción, ejecutan lo pulsional por medio del canto empleando la voz como un vehículo. Esto da lugar a un enlace entre la parte del sentido y del sinsentido que coexisten en un sujeto. En el caso de los cantantes, que ponen su satisfacción pulsional al servicio de un Otro que habla en la letra, también debe haber algo de ellos implicado en lo que se dice en la canción, que aunque no es hecha por él mismo, seguramente hay alguna identificación con lo que se decida cantar, pese a que esto no parezca a la luz.

Entre las definiciones de canción, también encontré estas otras: “algo dicho con repetición insistente y pesada, por ejemplo volver con la misma canción”, también “noticia o pretexto sin fundamento, por ejemplo no me vengas con canciones”[6]. En estas definiciones la canción es tomada como algo insistente, repetitivo e increíble. Algo que no es de fiarse, que ya se conoce y hasta cierto punto un poco fastidioso. Nada más parecido a lo que es el inconsciente.

El inconsciente es siempre fallido porque envuelve una repetición, una redundancia alrededor de un mismo asunto, se repite “todo cuanto desde las fuentes de lo reprimido se ha abierto paso a ser manifiesto”[7], se repite siempre un mismo síntoma. El síntoma habla de la forma de funcionamiento inconsciente producto de la castración, habla de lo que se padece en consecuencia de la incidencia de la lengua en el cuerpo. Por lo tanto el síntoma está del lado del sentido, toma del lenguaje su organización y funcionamiento, sin embargo sus intentos por cubrir la falta por medio del semblante son siempre fallidos porque hay en el lenguaje una parte que no se puede aprehender, lo cual es denominado por Lacan como lo real, aquello que produce un agujero en el sentido, lo que no se puede simbolizar.

Esa parte que no se puede simbolizar, a pesar de ello, insiste en el discurso de una otra manera, no está ausente, por el contrario más presente que nunca, está en el habla, como nuestro punto más íntimo, puede aparecer a la manera de una satisfacción, a veces generando angustia, hasta un sentimiento de enajenación, por la dificultad que implica el ver ese resto como parte de uno mismo.

Todo esto puede encontrar su vía de expresión sublimada por medio de la canción. Las apariencias engañan y habría que ir detrás de cada palabra dicha, de la melodía, del tono, de la voz y muchas otras sutilezas. La música es un lenguaje, la combinación de los sonidos musicales produce un sentido armónico y melódico, también hay reglas metafóricas y metonímicas para realizar una composición musical. Hay ciertos sonidos que son favorables cantar en una secuencia y que tienen diferentes efectos al oído según cual sea el intervalo musical, unos más armónicos, como las terceras y las quintas justas, otros con sonoridad desagradable, poco estable y difícil de asimilar por el oído humano, como las segundas, cuartas y séptimas. Por ejemplo en las composiciones de Beethoven, se puede ver como las notas musicales son las letras que crean un discurso a través del cual habla de su vida.

En fin, podemos concluir que en la canción hay algo que se nos canta fuera de la lógica del sentido. Se nos canta algo de lo inconsciente, nos los canta en la cara con un poco de osadía, nos dice nuestra verdad, pero nosotros nos quedamos “encantados” con lo que se dice en el lenguaje. El canto se sirve de la voz, la próxima viñeta.

La voz

Dicen por alli que “de lo que habla la boca, abunda en el corazón”, yo le agregaría que hay algo que habla más allá de la boca y que insiste por debajo del discurso, desde el corazón del inconsciente, bajo la forma de un objeto.

Cantar es producir sonidos melodiosos con la voz, aplicando las leyes de combinación de los sonidos, de la entonación y modulación de la voz, con armonía y suavidad, es decir, sin que resalte a oídos del oyente. La voz debe pasar de un tono a otro sin que esto sea percibido, con un cierto equilibrio, como una hoja que se desliza suavemente con el viento. Se puede decir que la voz se origina hiriendo el viento a partir la vibración de las cuerdas vocales. Para un cantante la voz es su instrumento musical. En las corales los sujetos reciben un nombre por su voz, según el timbre tienen una ubicación y le imprimen un color distinto a una canción. Los timbres femeninos son los sopranos, mezzo y contralto, los timbres masculinos los tenores, barítonos y bajos. Aunque eso no implica que haya hombres con un timbre de voz femenino y viceversa. Estos timbres a su vez tienen cualidades como la intensidad y calidad.

Toda esta descripción de la voz nada tiene que ver con la voz en el sentido lacaniano. La descripción de la voz parte del sentido, sin embargo hay una otra cara de la voz atrapada en la noción de objeto.

Freud había establecido una primera lista de objetos entre los cuales estaba el seno, el excremento y el falo, a las cuales agregó en la condición de subcategorías el dinero y el hijo. Freud hizo corresponder esos objetos a cinco parámetros de la pérdida, constituyen lo que él llamó objetos perdidos. Posteriormente Lacan retoma la lista freudiana y acrescenta dos objetos: la voz y la mirada. Después incluso agrega otros objetos como la placenta y las membranas embrionarias. Dice Marie-Hélène Brousse que “Lacan toma como hilo conductor el hecho de que cuanto más bizarros son esos objetos más esos objetos manifiestan la especificidad de los objetos lacanianos”[8]. Cuanto más extraños son más cerca están de lo real, lo que interesa de estos objetos y lo que tienen en común es su función. Ese objeto es definido como lo que resta del campo del Otro por la presencia de un sujeto.

La voz fue uno de los últimos objetos descritos por Lacan, al cual dedicó gran parte del Seminário 10. Lacan trata la voz a partir del ejemplo del Shofar, que es un cuerno de carnero que se sopla y produce un sonido inédito. El shofar representa un símbolo de la voz separada del significante, de la utilización que se hace en el lenguaje. Es un sonido que viene de un animal muerto, la voz separada del habla, que indica algo del objeto perdido en el momento que se empezó a hablar. Esto nos conduce a pensar que la voz para Lacan no tiene nada que ver con el registro sonoro. Cito a Miller:

“A pesar de la voz como objeto a en nada pertenecer al registro sonoro, eso no impide que las consideraciones que pueden ser hechas sobre la voz, por ejemplo, a partir del sonido como distinto del sentido o sobre todas las modalidades de la entonación, sólo pueden inscribirse en la perspectiva de Lacan si fueran ordenadas a partir de la función de la voz, si así puedo decirlo, como a-fónica. Eso es sin duda una paradoja, pero que dice al respecto del hecho de que los objetos a solo pueden afinarse con el sujeto del significante si pierden toda sustancialidad, si estuvieran centradas por un vacío que es la castración”[9].

Miller puntualiza dos caracteristicas que hay que saber sobre la voz como objeto a, se trata de una voz afónica, vaciada de su materialidad sonora, nada tiene que ver con el sonido, y segundo esa extracción de su sustancia da cuenta de la castración. Entonces mientras haya mayor vaciamiento de su materialidad sonora, más cerca se encuentra del objeto a y de lo real. Una voz áfona es una voz sin sonido, por ejemplo tenemos la letra h en nuestro abecedario y decimos que es muda, no le agrega sonoridad a las palabras, de la misma forma la voz áfona está desprovista del sentido, está fuera de cualquier orden significante.

“Si cantamos y si escuchamos a los cantantes, si hacemos música y si la escuchamos, la tesis de Lacan, según mi punto de vista, comporta que todo eso se hace para hacer acallar a aquello que merece llamarse la voz como objeto a”[10]. Vemos como la canción y la música es una manera que construye el sujeto para velar la falta y silenciar la voz del a. ¿Por qué la intentamos acallar? Porque esa voz, al igual que cualquiera de los otros objetos, están muy ligados al aparecimiento de la angustia, cada vez que nos angustiamos sin saber decir la causa, hay un objeto a por detrás, “cuando están angustiados, busquen el objeto, ustedes verán que… el cae.”[11]

Otro concepto que Lacan relaciona con el concepto de objeto a, es la letra. A partir de la letra se crea el enlace entre el registro de lo real y el registro de lo simbólico.

La letra

“Los bellos libros están escritos en una especie de lengua extranjera”[12]. Es una cita de Marcel Proust, en la cual resalta que el escritor inventa en la lengua una nueva lengua, una lengua que es de algún modo extranjera. El escritor trae a la luz nuevas formas gramaticales y sintácticas lo cual lleva a la lengua fuera de sus marcas habituales. Esto también impacta la forma de ver y de escuchar, porque cuando se crea otra lengua en el interior de la lengua, se tiende a tener un sentido “asintáctico” o “agramatical”, que comunica a la lengua con su propio “fuera”, con su reverso. También es a través de las palabras o entre palabras que se ve y se escucha. “Es un devenir-otro de la lengua, una mitigación de esa lengua mayor, de un delirio que arrastra, una línea de hechicería que huye del sistema dominante”[13].dice Deleuze.

Estas palabras de Proust y Deleuze están en sintonía con lo que significa la letra y el lenguaje para el psicoanálisis. Nosotros todos somos seres hablantes, parletres, lo que quiere decir que estamos atravesados por la lengua hasta desde antes de nacer y que aunque compartimos el mismo idioma, ella nos afecta de manera singular. Compartimos una misma lengua, pero en cada uno de nosotros esa lengua se vuelve un dialecto personalizado, se vuelve una “lengua extranjera”. ¿Qué quiere decir que cada uno de nosotros tengamos nuestra propia lengua extranjera? Eso quiere decir que en nuestra entrada al sistema simbólico somos afectados de diferente manera por el signo, esos efectos diferentes del signo en la carne producen diferentes subjetividades, producen no solo diferentes posiciones subjetivas sino también diferentes formas de goce. En otras palabras la entrada en lo simbólico también nos hace éxtimos, nos hace exiliados.

La letra es la materialidad del lenguaje, su componente más mínimo. Es un signo gráfico que unido con otras letras y a través de las reglas metonímicas va produciendo un sentido y de manera metafórica intenta velar un vacío. Cada letra se corresponde con un sonido, es decir tiene un componente oral y auditivo, pero también su representación visual. Todas esas diferentes dimensiones o cualidades de la letra, se anudan y crean un mismo objeto, que es multisensorium.

Ese objeto es llamado de objeto a por Lacan, justamente lo designa con una letra. Ese objeto es lo que queda, es la reducción de todo el sistema significante por el paso de un análisis y lo que al final se descubre como la marca primordial. Entonces el objeto a es una letra, sin embargo eso no quiere decir que sea significante, aunque determina al sujeto del significante.

En la última enseñanza de Lacan se habla de la letra como litoral. En el sexto testimonio de pase de Marcus André Vieira él hace referencia a esta nueva concepción de la letra introducida por Lacan: “La letra en la enseñanza de Lacan, pasa de carta a litoral. El litoral surge en una parábola de Lacan que habla de un espacio sin escena, un juego de luz y sombra, presentando al viajante de la ventanilla del avión incontables surcos, trazas de agua que fluyen por la planicie siberiana. No es un espacio geográfico, es más bien un modo de articulación entre la luz del sol y el blanco de la nieve. Es una imagen de trama, de red.”

¿Qué es un litoral? es una orilla, una franja que divide un territorio. Es un territorio de transición, se observa en algunas fronteras, en el límite entre un país y otro que hay un territorio que no es de ninguno de los dos, es “una tierra de nadie” donde se anuncia un final y un comienzo. “La letra ¿no es ella… litoral, más propiamente, o sea figurando que un dominio enteramente constituya para el otro frontera, porque son extranjeros, hasta no ser recíprocos?”[14] se pregunta y afirma Lacan.

“Entre centro y ausencia, entre saber y gozo, hay litoral que solo gira a lo literal en aquello en que ese giro pueda tomar lo mismo en todo instante. Es únicamente de eso que uno puede sustentarse en relación al agente que le sustenta ”.[15]

En este sentido la letra como litoral anuncia el límite entre lo simbólico y lo real. Entonces ella se ubican dos vertientes, por un lado permite existir el Otro simbólico, soporte de las identificaciones y al lenguaje y por otra parte también nos permite registrar el goce que al mismo tiempo le da existencia. Esas dos vertientes también pueden ser llamadas la vertiente del agujero y del desecho[16], del sujeto y del objeto, el agujero desestructura el Otro y mientras el objeto cuelga de él.

“Es la letra como tal que da apoyo al significante según su ley de metáfora. Es además, del discurso que el la toma en el filete del semblante”[17]. Entonces vemos como la importancia de la letra está en tanto constituye la materialidad del discurso, siempre desde lo singular en cada sujeto, posteriormente cuando esta función se ha cumplido la letra cae como desecho.

La letra tiene una relación con la voz en tanto esta última da cuenta de una forma de relación al Otro y segundo, en tanto forma de satisfacción y de relación con el objeto primordial. Entonces, la relación entre la voz y letra no está en las palabras que podamos decir, porque allí estaríamos en la vertiente del lenguaje, la del sentido. La letra y la voz se anudan a partir de lo real que ha quedado sin representación, que se enlaza al sujeto por medio de uno de los objetos a, pudiendo ser la voz una vía para ello. La voz es una forma de manifestación de lo más extranjero de nosotros mismos, de la letra que está en la parte litoral de la geografía de nuestro inconsciente.

Si para Proust los libros más bellos son los que están escritos en una lengua extranjera, para Lacan la verdadera literatura es “la que está hecha propiamente del litoral: la que no se sostiene del semblante, por lo cual no prueba nada más que la fisura, la unica que un discurso puede producir, como efecto de producción”[18].

 Referencias:

[1] Un dibujo no lingüístico que podía representar un objeto real o un significado.

[2] Nachmanovitch, S. Free Play: la improvisación en la vida y en el arte. Buenos Aires, 2004, pp 186.

[3] Miller, J-A. Un esfuerzo de poesía, Buenos Aires, 2016, pp 41

[4] Freud, S. La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna, 1908, pp 168.

[5] Freud, S. Sobre la dinámica de la transferencia, 1912, pp 1.

[6] Diccionario de la Real Academia Española.

[7] Freud, S. Recordar, repetir y reelaborar, 1914, pp.153.

[8] Brousse, M. Objetos estranhos, objetos imateriais. Rio de Janeiro, 2007.

[9] Miller, J-A. Jacques Lacan y la voz. Opção Lacaniana online, número 11, 2013.

[10] ibid

[11] Brousse, op. cit.

[12] Proust, M. Contra Sainte-Beuve, Paris, 1954.

[13] Deleuze, G. “La Litérature et la Vie”, Critique et Clinique, Minuit, Paris, 1993,

  1. 11-17.

[14] Lacan, J. Lituraterre, Revista Littérature n 3, París, 1971.

[15] Ibid

[16] Vieira, M.A. Restos, Rio de Janeiro, 2011.

[17] Lacan, J. Lituraterre, Revista Littérature n 3, París, 1971.

[18] Lacan, J. op. cit.

Arte: Hollie Chastain 

Desde la Angustia… a la Singularidad

Por: Dra. Vanna Gabriele G.

Desde que el ser humano existe sobre la tierra la palabra ¨angustia¨ ha sido usada para dar cuenta, agrupar y/o clasificar, a una serie de estados mentales y físicos, concebidos como ¨desagradables de soportar¨ -en su mayoría- y que se producen en los individuos de todas las edades y clases sociales. ¿Y quien no la ha sentido alguna vez?  

Pero no me refiero a esa aflicción ¨basal¨, que nos mueve a que despertemos todas las mañanas y nos empuja ¨ de buena manera¨, a tratar de satisfacer nuestros deseos de ¨ser y existencia¨ sino aquellas formas de angustia más ¨extrañas¨ o ¨preocupantes¨, que inducen tal magnitud de malestar en un individuo, que puede llevarle a paralizar involuntariamente su cotidianidad, y/o forzosamente, a extraviarse en lo que ha concebido como ¨sus metas o porvenir¨, provocando una serie de ¨transformaciones corporales¨ en él, que no pueden sino ser sentidas cómo limitantes, hasta incluso llegar a producir enfermedades físicas irreversibles, que hacen que la vida para un individuo deje de ser ¨tan vivible¨ . Decía Lacan, que la angustia es el único afecto que no miente….

Y de esta manera esos sujetos inician un particular ¨vía crucis¨ a manos de diversos profesionales de salud, que los acogen en sus redes de atención para encasillarles -entre protocolos, guías y escalas- en sus nuevas y cada vez más amplias clasificaciones diagnósticas, que al entrar en el campo de lo social producen inéditas y devastadoras burbujas epidémicas: es ansiedad, es el estrés, es un ataque de pánico,….es déficits de atención con hiperactividad, es depresión…es bipolaridad, adicciones, autismo, trastornos alimentarios etc. Y paro de contar. Con estas ¨nominaciones¨ que pululan, los sujetos terminan ¨cosificados y consumidos¨ por el sistema, que coloca a todos por igual ¨cifrados y despojados de sus cualidades¨ no sin antes dispensarles de una serie de palabras vacías -normas y pautas estilo ¨Ud. debe poner de su parte¨- y fármacos indicados bajo la consigna de ¨te van a curar la vida¨, como si no supiéramos desde hace siglos que los remedios farmacológicos no curan las enfermedades de la Psique, sino que duermen emociones, e impiden la efectiva escucha del sujeto y de su singularidad, o sea, impiden que el síntoma de cada cual ¨hable¨. Y es que, la supresión de la subjetividad es la vía segura para la patologización y la medicalización generalizada de la vida cotidiana. 

Y no está de más aclarar que todo este ¨acontecer¨ transcurre en una Sociedad como la actual, donde los individuos se encuentran inmersos en una suerte de autismo social galopante, desvinculados de los otros, apantallados pero solitarios, donde la palabra ¨amor¨ pasó de moda hace tiempo, para dar paso a la ética del soltero, junto al imperativo de ¨obligatorio ser feliz¨ y ¨gozar al infinito¨, consignas que se traducen en sujetos que se aplastan por la idealización de la tenencia de los bienes y objetos, y es que hoy día, todas las ideas de felicidad acaban siempre en una tienda, de manera que lo que se recoge finalmente, es que son individuos con vidas vacías de erotismo, sin deseos…todos bajo presión, pero aburridos de su existencia… humillados y cada vez más angustiados….y más sufrientes. 

Por eso la experiencia psicoanalítica es una necesidad real en nuestra contemporaneidad, y es que es una práctica ¨del caso por caso¨ que no cesa de devolver a los sujetos la singularidad de su deseo, vivificándoles, o dicho de otra manera, es un tratamiento singular que pone a prueba el amor y lo resignifica, para restituir la ¨dignidad¨ del sujeto y que desde allí pueda poner en acto lo singularmente anhelado, con el fin de construirse una vida más plena y con mayores posibilidades de bienestar. 

Arte: Hollie Chastain

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